La cuarentena no engorda, es un bulo

La cuarentena no engorda, es un bulo

Enrique Navarro, uno de nuestros socios fundadores es, entre otras muchas cosas, escritor. Y tenemos la suerte de poder leerle asiduamente en sus redes sociales. Le tomamos prestado uno de sus artículos para nuestra web.

Ni Franco consiguió encerrarnos tanto tiempo en casa; Hoy comencé mi plan de reconstrucción personal y laboral; salir a pasar todos los días y recuperar para la semana que viene los paseos y carreras como antes; esta semana lanzó una campaña con nuevos productos que ayudarán a muchas empresas y gobiernos a mejorar la calidad de vida de la gente y a optimizar nuestros sistemas de información.

Las ansias a veces nos pueden, y la envidia de ver las terrazas de San Sebastian y Sevilla es inmensa. Hemos descubierto varios bulos sobre la cuarentena que quisiera explicaros en estos días. El primero es que la cuarentena engorda; es totalmente falso; es un invento del gobierno para distraer la atención y de las tiendas de tallas grandes para hacer el agosto.

Desde que la semana pasada vi que la levadura había vuelto a mercadona, me percaté que la fiebre de la repostería casera ya había pasado. Esos cocinillas que se deleitaban preparando marmitako, o pote o cocido, y que dejaban la cocina como si hubiera pasado Patton por allí, han dado paso al filete, al pescado.

Donde se engorda es en los bares, con las tapas de Ascension, con las manzanillas de la Cepa, con los caracoles de Tomás, con los montados abundantes de pan de El nuevo Almacen, con el cuchifrito de ahí mismo; con las tapas de Marcial en la Barra; con las cervezas de la Felipa si ese día toca; con las cervezas y el jamoncito que nos saca Cuca después hacer el valle.

Engorda el frigorífico de Patricia que parece el bolso de Mary Poppins y los vinos y las cervezas del Txoco, y la merluza de pincho y las pizzas de Mikel.

Engordan los amigos, los de siempre y los que se improvisan en la barra del bar, los paseos dando tumbos entre la venta del alma y Caravantes; y sobre todo lo que más engorda es cuando llegas a casa y tu mujer te espera con un plato de fabada y te pregunta si has picado algo, y tú, con cara de circunstancia dices: que va cariño una tapa y ya está» y te zampas después de diez tapas la fabada.

Así que si alguien os dice que la Cuarentena engorda, negarlo, es un bulo.

‘In Albis’, el poder de la albillo

‘In Albis’, el poder de la albillo

Ramón Laguna es, entre otras muchas cosas, un enamorado de todo lo relacionado con los vinos y un amigo de la Asociación. Tiene la virtud de saber disfrutar y de querer contarlo. 

He de reconocer que mi interés por las variedades de uva blanca ha sido progresivo. Hace años mi predilección, por lo general, eran los tintos. Los tintos buenos, claro.

Sin embargo, con el paso del tiempo, me he ido dando cuenta de la cantidad de vinos elaborados con uva blanca que ahora forman parte del top en el ranking de mis vinos de cabecera. Si me centro solo en España, hay ejemplos sustanciales de tipos de vino elaborados con uva blanca que a mí personalmente me parecen soberbios. Qué decir de la Palomino para Jerez, la Pedro Ximénez para Montilla-Moriles, la Albariño para Galicia en general, la Hondarrabi Zuri para el Pais Vasco, la Viura para Rioja y otras zonas, la Garnacha Blanca para Cataluña y alguna otra zona….y así podemos seguir bastante rato (ojo, en otras zonas no mencionadas por extensión también hay uvas blancas fantásticas, que nadie se “soliviante”, ahora veréis por qué).

Pero hay algo que ya os he anticipado en algún otro artículo que a mí siempre me ha dejado perplejo y que gracias a Diós ahora se está revertiendo. Esos varietales “galácticos” que por razones de interés equivocadamente comercial se dejan de lado en muchas Denominaciones de Origen y que sin embargo tienen una historia y una presencia de siglos que muchos viticultores se han encargado de conservar y que cuando conoces no das crédito. Si me preguntáis cómo es posible que algunas Denominaciones de Origen den la espalda a su propia historia, no os podría contestar, me quedaría “in albis”. Que una Denominación de Origen como organización tiene cosas buenas, no lo pongo en duda, pero sin querer entrar en polémica (y he estado ya en varios foros de discusión), a veces vale para la mayoría pero no para la quintaesencia. Es demasiado habitual primar fórmulas para hacer todos mas o menos un mismo tipo de vino por delante de revisar y mimar lo que ya se tiene y que es, como digo, excepcional.

Dicho todo lo anterior, quería centrarme en el título del artículo: “In albis”. Si “albis”, blanco, blanca como la uva albillo, en todas sus extensiones.

La uva albillo tiene una idiosincrasia común pero tiene apellidos. Por ejemplo en Madrid o la cercana zona de Gredos, tenemos la “albillo real”, una uva que hace siglos servía para realizar vinos para la corte, tremendamente afamados y que por suerte siempre ha estado incluida en la Denominación de Origen Vinos de Madrid. Una suerte, una excepción, las dos cosas. Aquí, si bien la Denominación de Origen si ha estado a la altura, tenemos otro problema que no sé si algún día tendrá salida. Se trata de los vinos que en la zona de Gredos se hacen, ya sea con este varietal o con otros (normalmente su compañera la Garnacha), que tienen una identidad propia pero no convergen en tener una marca que les agrupe mas allá de si son de Ávila, Madrid, Toledo o de donde sea. Por ello quiero reivindicar la uva albillo real con un vino de la zona pero que no es de Madrid, si no de Ávila. Se trata de “El Soplón”, un vino de albillo real que además se acuna en barrica de castaño, de esos castaños de la zona próxima a Gredos y que le dan una cremosidad poco conocida. Don Ramón de Bodegas Fuentegalana tuvo a bien compartirlo conmigo hace ya un poco mas de un año y la verdad quedé prendado del mismo. Un vino poco conocido pero de una grandeza poco recompensada.

Hasta aquí una de las albillos que no han sido menospreciadas, pero ¿qué me decís de los dos ejemplos que os voy a dar ahora?.

Pues erase una vez una Denominación de Origen que sólo admitía vinos tintos y que se dedicó mucho tiempo a magnificar su merecida fama dejando de lado el filón que creía haber encontrado hasta que el resto de Denominaciones de Origen o Indicaciones Geográficas empezaron a ofrecer magníficos vinos a precios sustancialmente por debajo de la media de lo que lo hacía ésta. ¿Ha sido la brillante aportación de otras zonas las que les ha abierto los ojos para ofrecernos de nuevo otro mirlo blanco?. En mi opinión, no puede ser casualidad. En cualquier caso, vaya por delante que estamos de enhorabuena, el año pasado, y lo que cuento es tan real como que “vamos a ganar esta batalla”, el club de amigos con los que de vez en cuando nos embarcamos en hacer alguna barrica de vino, me preguntaron que por qué no hacíamos un vino en Ribera. Y les pregunté: ¿Nos pueden ofrecer hacer una barrica de albillo mayor?.

Pues ahí estamos ahora. Voy a contar la verdad, yo había tenido la oportunidad no hacía mucho tiempo de conocer a la propiedad de una conocida bodega que además de tintos hacía un blanco con albillo mayor. No podían hacerlo bajo la Denominación de Origen. Tenían que ponerle “Vino de la Tierra de Castilla y Léon”, como si Ribera no estuviera ahí también. Fue probar aquel vino y quedarme “in albis”. ¿Cómo era posible aquello?. ¿Cómo era posible que sólo el empeño de esa familia y otra bodega más en ese año, supusiera ofrecer un blanco tan extraordinario y olvidado?.  Cuando nos pusimos con la barrica, poco después mi mujer y yo hicimos un viaje a San Sebastian y allí (¿casualidad?) esos días se celebró Gastronomika. Allí se presentaron por primera vez varios vinos 100% albillo mayor bajo el futuro paraguas de la Denominación de Origen (a finales de 2019 sólo 1 vino tenía ya la contraetiqueta Ribera del Duero para ese blanco de albillo mayor). Luego ya vino Enofusión en enero de 2020 y tuvimos la suerte de probar 10 vinos de albillo mayor, a cual mejor. Si bien, publicamos la foto de lo catado, he de decir que 2 bodegas me eclipsaron. La primera y como mejor vino albillo mayor para mí sin duda fue “Territorio Luthier”. Seguro que es por mi tipo de gusto, pero de nuevo un vino blanco con crianza en barrica sublime, cremoso, con fruta y mil sutilezas secundarias y terciarias. Sería injusto si no volviera a hablar de esa familia que me enseñó su vino de albillo mayor. Su García Viadero y sus, ahora ya sí, Valduero Reserva 2017 y Gran Reserva 2015, una joya.

No querría acabar sin mencionar otro varietal que sí necesita un poco más de apoyo por falta de conocimiento sobre el mismo, pero sí quiero deciros que cuando lo probé, de nuevo pensé: ¿pero por Diós, cómo es posible?. De nuevo, me quedé “in albis”.

Se trata de la uva “albilla”, prácticamente extinguida, hasta donde yo sé plantada en la confluencia de Cuenca y Albacete, en la zona de “Manchuela”. Conozco dos bodegas que desde hace bien poco (hablo de pocos años) disponen de vino con este varietal. No sé si hay mas, aunque no lo creo (mejor si hubiera ya alguna otra). Por un lado está Bodegas Ponce, una bodega muy conocida sobre todo por sus buenos vinos de bobal. Tiene un vino de albilla denominado “Reto Albilla”.  Un gran vino sin duda. No obstante quisiera destacar una bodega algo menos conocida y que para mí tiene un vino extraordinario con este varietal. Tuve la oportunidad de probarlo aún sin etiquetar la primera vez que lo comercializaron y de esa cata, con muchos Manchuelas allí presentes, me quedé prendado de éste. Se trata de Bodegas “La Niña de Cuenca” con su vino “Orovelo”. En este caso se trata de un vino con crianza si, pero no en madera, si no en tinaja de barro nueva con sus lías durante siete meses. De nuevo otro vino lleno de matices y de esa untuosidad que a mí me parece sublime.

A ver qué os parece la nota de cata que la propia bodega nos da: “Con el primer sorbo comenzó a susurrarme…tras años de olvido, había vuelto a la vida en forma de vino eterno, expresión de los recuerdos de la tierra que lo alimentó, del viento que lo acarició y de la gente que lo cuidó… de repente me di cuenta que era la nada y el todo a la vez.”

Hay mas albillos, por ejemplo en Canarias, pero quería sobretodo hacer especial hincapié en los menos conocidos. Espero haber ayudado a que estemos menos “in albis”.

Toca hablar de vino. ¿Porqué no?

Toca hablar de vino. ¿Porqué no?

De la barrica de Ramón

En estos momentos tan “extraños” siento que de “vino” no debo hablar (no sabía qué adjetivo utilizar, ¿difíciles?, bueno depende de lo que cada uno haya vivido, yo difíciles los he vivido creo que, en particular, peores, ¿histéricos?, bueno, creo que efectivamente hemos dado un pésimo ejemplo como sociedad con comportamientos compulsivos, lo digo por ver cómo se hacían compras en algunos mercados, “yo antes que los demás” llevaba alguno tatuado en la frente, o por cómo se ocupaban espacios públicos como si estuviéramos de vacaciones).

¿No debo de hablar de vino, o sí?

Me quiero explicar.  Cuando pienso en las emociones que suscita un vino, sin necesidad de forzarlo, me viene a la mente siempre un conjunto de sentimientos que querría compartir.

No me imagino beber un buen vino solo. No me imagino beber un vino sin la compañía de amigos, familiares o incluso desconocidas personas de bien. No me imagino beber un vino sin compartir sentimientos,  sin saber qué le ocurre o no a la persona que esté en ese momento conmigo. Es decir, un vino, como un café, como ir al teatro, como ir a trabajar, como ir a casa después de trabajar no tiene sentido alguno sin los demás, sin lo que llevan los demás dentro.

Un vino, como lo entendemos algunos, es una excusa para todo lo demás: saber lo que a los demás les ocurre, bueno, nos alegramos,  regular, nos duele y si podemos, ayudamos.

Vamos a tener tiempo de reflexionar, de decidir qué nos importa, qué somos o no capaces de hacer como colectivo. Yo apelo a que en estos días “bebamos buenos vinos», no como un hecho físico,  si no como una metáfora de vida.

Lejos de caer en la tristeza, de caer en el pesimismo, es el momento de que todos y cada uno de nosotros tiremos del carro, de coger el teléfono,  si queréis incluso el WhatsApp o similares (ya me joroba decirlo) para hablar de “vino» (se me entiende: de sentimientos, de emociones) y para pensar y desear en reencontrarnos, cuando verdaderamente se pueda, alrededor de esa copa de vino.

¿Por qué digo esto?  Tengo la impresión de ver muchos amigos sobrecogidos por la situación.  Les hablas, te responden o no, pero no les ves dentro de su cuerpo. Necesitamos estar todos más fuertes que nunca, supliendo la falta de fuerza de aquel que, por lo que sea, esté confuso.

Por favor,  “hablemos de vino”, o de lo que sea, con todo aquel que lo necesite. Cuantos más seamos, menos daño nos hará esta situación.

¿Tenéis la sensación de que alguno quiere pasar “su cuarentena», sin “hablar de vino», sin hablar con los demás? Esto es lo único que me preocupa.

Fino filipino…

Fino filipino…

De la barrica de Ramón

Seguro que habéis escuchado o incluso pronunciado esta frase en múltiples ocasiones. Como casi todo en español tiene tanto acepciones positivas, p.e:  “te ha quedado fino filipino”,  como negativas p.e: “te has puesto fino filipino”, pero seguro que alguno os preguntaréis cual fue el hecho que dio pie a esta frase. En realidad, como sucede también muchas veces, esta frase no tiene ningún hecho u origen cierto, simplemente rima y es graciosa.

¿O quizás no os he contado toda la verdad?

Os voy a contar algo que sí es cierto. Existe el “fino filipino”. Es decir vino fino de propiedad filipina. Se trata del Grupo Emperador, que en la actualidad agrupa a marcas y bodegas tan carismáticas como Fundador, Garvey, Terry, Tres Cepas y Harveys. Es decir, después que Fundador adquiriera a Terry y Harveys en el siglo XX, asistimos a su posterior compra y ampliación por parte de este grupo filipino.

Soy bastante entusiasta de los vinos generosos, es decir ese tipo de vino muy anglosajón en su concepción, al que para viajar en barco y llegar en condiciones razonables se le añadía alcohol vínico para que con esa mayor graduación aguantara el viaje. Ejemplos: Jerez, Madeira, Oporto… Método británico: añádase alcohol para el viaje. Este verano tuve la oportunidad de visitar Bodegas Fundador en Jerez de la Frontera, ahora propiedad de este grupo empresarial filipino y quería contaros algunas cosas.

Fundador es una de las bodegas mas antiguas de España, data de 1730 y está íntimamente ligada al nombre de la familia Domecq. Familia de origen francés que en particular tuvo a Pedro Jacinto de Domecq Loustau como creador “por casualidad” del primer brandy español.

En concreto se comenzó a comercializar en 1874, pero como digo, la casualidad hizo que unos años antes la bodega recibiera un pedido desde los Paises Bajos de “holandas” que no  fue pagado. Las “holandas” no son más que aguardiente generado por destilación a partir de alcohol vínico que recibían ese nombre por el destino que tenían y que en el caso de los Paises Bajos se utilizaba para hacer destilados con frutas o con hierbas. Para el transporte se utilizaban botas (barricas grandes de madera) pero en ese caso concreto Pedro Domecq guardó el alcohol vínico en 500 botas que habían contenido previamente vinos generosos de Jerez durante mucho tiempo.

El brandy

Al pasar varios años y no haber hecho entrega del aguardiente, trataron de utilizarlo pero se encontraron la sorpresa de que ese aguardiente había adquirido aromas y sabores que no esperaban. Ese fue el primer brandy español. El brandy por tanto y descrito de forma muy básica es el aguardiente destilado a partir de alcohol vínico que transforma su sabor y aromas tras su paso por botas usadas previamente en la elaboración de vinos generosos de Jerez. Tal es así que a día de hoy el Consejo Regulador de Jerez – Xérès – Sherry es el encargado de “certificar” las botas que podrán o no ser usadas para la elaboración de brandy. No se pueden usar otras.

Curiosidad también es el nombre: brandy. En realidad la palabra originaria es “brandewijn”, palabra que se utilizaba en los Países Bajos para describir el “vino quemado” o vino que se hervía para tratar afecciones de garganta o respiratorias. Fueron los ingleses los que por motivos de pronunciación nos acercaron la palabra a lo que hoy conocemos. Y los que por “cercanía” de aromas asociaron las dos bebidas tan diferentes.

El brandy español tiene diferentes orígenes pero de Jerez sale mas del 90%. El marco de Jerez, el triángulo de tierras que están comprendidas entre Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda tiene en la composición de su suelo un componente alto en margas (roca blanda formada por sedimentos) de origen marino (diatomeas) de un color blanquecino. Esa tierra tiene la propiedad de cerrarse y permitir que el agua del invierno esté debajo de tierra con poca evaporación, permitiendo que la vid pueda vivir ante temperaturas muy altas.

Entonces, ¿de dónde se obtiene el alcohol vínico para generar el aguardiente del brandy? Pues la principal fuente es la varietal Airén de La Mancha. Allí se produce el alcohol vínico que luego se destilará. Curiosamente la uva airén es la uva más plantada en España, focalizada principalmente en La Mancha, ocupa un 22% de la superficie de vid en España, incluso por encima del 20% de Tempranillo. También es la sexta a nivel mundial. O sea que aquí tenemos la explicación de cómo Jerez con tan poca uva y dedicada fundamentalmente a sus vinos es capaz de producir tanto brandy.

Otro detalle interesante de este grupo filipino, es que su bodega Fundador o mejor dicho conjunto de bodegas Fundador tiene una de ellas (La Mezquita) dentro de las mas grandes del mundo. Se llama así por su arquitectura. A día de hoy almacena 45.000 botas. Fue inaugurada en 1974 con la intención de almacenar todo el brandy del conjunto de bodegas, pero rápido se dieron cuenta de que esa intención se podría convertir en un riesgo. ¿Qué pasaba si ocurría cualquier problema en esa bodega – incendio, derrumbe,…- ?. A día de hoy tiene finos fundamentalmente. Otras bodegas dentro del mismo recinto son “El Molino”, “La Tribuna” o “La Luz”. El Molino tiene botas dedicadas a personajes ilustres, desde artistas a reyes. La mas curiosa es la bodega de “La Luz”. Se la llama así porque fue la primera bodega de España con luz eléctrica a finales del siglo XIX y además tiene el honor de ser el lugar donde se guardaban aquellas botas que dieron origen al primer brandy español. Se conservan allí los alambiques de destilación del alcohol.

Un dato muy interesante y poco conocido: Filipinas es el segundo país por consumo de brandy a nivel mundial. Os explicaréis muchas cosas de este artículo con ese dato.

Harveys Medium Dry

Ahora sí, os comento un vino. Beber vinos generosos no es algo que se haga con facilidad, muchas personas que beben vino raramente beben amontillados, olorosos, etc. No han dado ese salto que no sabes cuando das pero que cuando le das no tiene vuelta atrás y puedes ser un enamorado de los mismos de por vida. Siempre creo que lo mejor que se puede hacer es aproximarse despacio y con algún tipo de vino “de iniciación”. En mi opinión un buen vino de iniciación para esta clase de vinos es un “medium dry” ya sea procedente de oloroso o de amontillado. En realidad se trata de un vino seco (un vino generoso que procede del encabezamiento o fortificado de un fino para que supere los 17 grados alcohólicos a base de añadir alcohol vínico en algún momento de su vida – oloroso al principio, amontillado a mitad) al que se le añade un porcentaje que fluctúa entre el 5% y 10% de vino dulce Pedro Ximenez. Tenemos algo que nos agrada, ese vino dulce, y de fondo la realidad de uno de los vinos mas tradicionales de Jerez, un oloroso o un amontillado.

Esta bodega tiene un vino de iniciación interesante y además muy asequible. Se trata del “Harveys Medium Dry”. A partir de una selección de amontillados, se le añade un 8% de Pedro Ximenez resultando un vino que conjuga los tradicionales aromas y sabores salinos, de lacas, de ebanistería, de frutos secos típicos de la uva Palomino con los pasificados y amielados de la uva Pedro Ximenez.

Por Colmenar, en la XIX Feria del Vino

Por Colmenar, en la XIX Feria del Vino

Ramón Laguna es, entre otras muchas cosas, un enamorado de todo lo relacionado con los vinos y un amigo de la Asociación. Tiene la virtud de saber disfrutar y de querer contarlo. Y nuestro blog tiene la suerte de convertirse en uno de sus soportes para hacerlo. Poco a poco iremos publicando sus artículos, bajo el título ‘De la barrica de Ramón’. Este es el primero de ellos.

Reconozco que con el tiempo, uno sin darse cuenta empieza a tener en su recuerdo cosas, personas o sitios concretos que sabe que, por un sinfín de razones, siempre le gustarán. Este es el caso de un sitio que he ido descubriendo poco a poco y que tiene muchas cosas, para mucha gente desconocidas.

Voy a daros algunos datos que creo que os pueden dar idea de por qué digo esto:

  • Tuvo un castillo del que aún hay ruinas, al que se le otorgó un Fuero, modelo del que se utilizaría después para
    Madrid y Toledo.
  • Fue la corte de Castilla durante el reinado de Enrique IV poco antes de la guerra que sería el inicio de la
    creación de España tal y como la conocemos.
  • Han sido famosas sus canteras de piedra.
  • Durante el siglo XX fue mucho tiempo el tercer pueblo en habitantes tras la capital.
  • Su iglesia del siglo XIII (ampliada después) tiene uno de los pocos órganos en funcionamiento en la
    provincia y es habitual la programación de conciertos.
  • Su Plaza Mayor no existía, era un terraplén donde acababa el pueblo. Se tardó 118 años en levantarla sobre arcos
    subterráneos. Uno de ellos es visitable y recorre la plaza por debajo. Llega a unos lavaderos que han sido filmados en muchas películas.
  • Tiene un museo de su paisano mas ilustre, cuya obra está también presente en el Prado, en el Thyssen-Bornemisza
    y otros muchos museos fuera de España.
  • Convento, teatro, ….es ciudad Bien de Interés Cultural. 

Hace unos meses (apuntaros que es en mayo), y dentro de su XIX Feria del Vino estuvimos en Colmenar de Oreja. La verdad es que el día dio para muchas cosas, que paso a contaros:

  • Recorrimos el Túnel de Zacatín, el túnel visitable que recorre por debajo la Plaza Mayor, para llegar a los
    lavaderos y fuente pública de la época de Felipe IV. Desde allí pudimos ver a lo lejos la Ermita del Cristo del Humilladero. El túnel lleva en paralelo el arroyo subterráneo.
  • Nos acercamos a la iglesia de Santa María La Mayor, un edificio enorme, donde estuvimos escuchando el órgano
    ya que era el día en que se realizaba la preparación para un concierto próximo.
  • Estuvimos en la feria en sí, con presencia de varias de las 9 bodegas de vino existentes en el pueblo. Con una
    copa serigrafiada de recuerdo, pagando 5 euros podías degustar 5 vinos a tu elección. Muy buenos, luego comentamos uno de ellos.
  • Fuimos a comer a un célebre local en el que por muy poco, con todo incluido, degustamos varios de sus platos
    locales: croquetas de cocido, pozas (preñao de tomate, cebolla y atún), semicurado con anchoas (de la fábrica de quesos y salazones local) carne al desarreglo y chulas (patatas). Para finalizar pelotas de fraile y limoncillo
    (alcohol local).
  • Concursamos en el concurso de cata a ciegas dirigido por la D.O. Vinos de Madrid.
  • Visitamos el Museo de Ulpiano Checa, escultor y pintor de Colmenar. Inimaginable lo que podéis ver allí.
  • Asistimos al concierto de Jazz de Rachelle Bentley y Gladston Galliza en Bodegas Peral. Fantástico dúo. También
    el de los dos vinos que tomamos con la música.

El vino destacado

 

Un día completo como podéis ver, de esos que se graban para mucho tiempo. Además de en la Plaza Mayor, tuvimos la ocasión de estar en Bodegas Peral degustando sus vinos. Bodegas Peral ha realizado una obra de rehabilitación de la bodega recientemente y la misma ahora tiene espacio para realizar eventos como el concierto al que asistimos. Además de que el mismo fuese muy bueno, ya desde la Plaza Mayor me había quedado impresionado por sus vinos sobremadre. El concepto es básicamente que el mosto incluso fermentado esté en contacto con un porcentaje (suele ser un 25) de los hollejos y las lías durante varios meses. El resultado es un vino con una concentración glicérica muy alta y sensación de presencia ligera de carbónico natural. No se filtra, se embotella directamente, lo cual hace que conserve mucha fruta.

Tomamos dos vinos de este tipo, un blanco malvar 100% y un rosado procedente de la combinación de 80% malvar y 20% tempranillo (en este caso los hollejos usados son los de tempranillo).

Lo sorprendente de ambos es que en boca son muy untuosos y tienen un retronasal prácticamente equivalente a lo percibido en fase olfativa. Una delicia si tienes la precaución de tomarlos a temperatura adecuada (un poquito frescos).

Os dejo la ficha del blanco malvar porque quiero reivindicar esta uva autóctona de Madrid, pero no dejéis de lado el
rosado. 

Nombre: Sobremadre Blanco

Varietales: Malvar

Añada: 2016

Bodegas Peral

Colmenar de Oreja (Madrid)

D.O. Vinos de Madrid