Autor: Enrique Navarro Gil

 La cultura es, sin duda producto de la vida urbana ya que sin una fuerte interacción humana es imposible sumar para pasar del conocimiento o la experiencia a la cultura. Por tanto las ciudades son y deben ser expresión cultural , y por tener un origen burgués, de burgo, debe ir salpimentada de transgresión y sobre todo de belleza. La cultura sin estética es inútil y empobrece.

Y esto viene al caso de Toledo. Pocas ciudades de Europa acumulan tan pesada y rica herencia, pero pareciera que se trata de una naturaleza muerta, que se ancló en Isabel la Católica y en el Greco, y todavía vive de una herencia brutal pero al final solo es un caudal recto.

Y a esto viene el caso de mi reflexión. Sin innovación y transgresión, la cultura se estaca y desvanece, y todo cuanto contribuye a revitalizar este acopio milenario no sólo no está de más, es que es vital.

 Toledo, el casco, agoniza entre habitantes que alquilan sus viviendas a turistas, negocios que buscan compradores en las afueras, de manera que cuando se echa la noche la ciudad duerme. Cuando el frío extiende su manto, un taconeo sobre la piedra milenaria es la única música que acecha al caminante perdido entre la soledad.

Mas de 30 años visitando festivales de verano en Salzburgo, Edimburgo, Berlín Bergen , bienales de arte en Venecia o Basilea, y mercados navideños en Centro Europa, y siempre pienso porqué no llenar toledo de actividad cultural. La caña de pescar que supone esta ínsula de historia y arte, es impresionante para conseguir atraer otros públicos, pero hace falta imaginación y sobre todo alguien que tome el liderazgo. Llenar las calles de música, los espacios culturales de nuestros clásicos de antes y de ahora, atraer galerías de arte que huyan del asfixiante madrid que fenece culturalmente de la mano de unos gobernantes que no entienden que la cultura es sobre todo destruir mitos para construir unos nuevos , mal asunto para quien se define como conservador.

Grande ‘Puy De Fou’ enseñándonos historia, pero volvamos a la esencia y revitalicemos con un nuevo renacimiento cultural a la ciudad que el país lo necesita.

Un país que no se conoce está condenado a desaparecer lánguidamente.

Excelente labor de promoción, pero no solo corresponde a los gobiernos liderar, si la sociedad civil no es consciente de que la ciudad puede morir de éxito, de poco servirá el empeño de unas administraciones que relegan los presupuestos para atender necesidades más urgente o apremiantes, pero no por eso más importantes. Invertir en cultura y en promoción turística es no solo una necesidad sino sobre todo una inversión en nosotros mismos y en nuestro futuro como colectividad.

 Y una parte esencial de esta introspección necesaria para conocernos mejor, es nuestro vino, aceite, queso. No olvidemos que somos lo que cultivamos, producimos y comemos. Así que !Viva la cultura y viva el vino!