De la barrica de Ramón

En estos momentos tan “extraños” siento que de “vino” no debo hablar (no sabía qué adjetivo utilizar, ¿difíciles?, bueno depende de lo que cada uno haya vivido, yo difíciles los he vivido creo que, en particular, peores, ¿histéricos?, bueno, creo que efectivamente hemos dado un pésimo ejemplo como sociedad con comportamientos compulsivos, lo digo por ver cómo se hacían compras en algunos mercados, “yo antes que los demás” llevaba alguno tatuado en la frente, o por cómo se ocupaban espacios públicos como si estuviéramos de vacaciones).

¿No debo de hablar de vino, o sí?

Me quiero explicar.  Cuando pienso en las emociones que suscita un vino, sin necesidad de forzarlo, me viene a la mente siempre un conjunto de sentimientos que querría compartir.

No me imagino beber un buen vino solo. No me imagino beber un vino sin la compañía de amigos, familiares o incluso desconocidas personas de bien. No me imagino beber un vino sin compartir sentimientos,  sin saber qué le ocurre o no a la persona que esté en ese momento conmigo. Es decir, un vino, como un café, como ir al teatro, como ir a trabajar, como ir a casa después de trabajar no tiene sentido alguno sin los demás, sin lo que llevan los demás dentro.

Un vino, como lo entendemos algunos, es una excusa para todo lo demás: saber lo que a los demás les ocurre, bueno, nos alegramos,  regular, nos duele y si podemos, ayudamos.

Vamos a tener tiempo de reflexionar, de decidir qué nos importa, qué somos o no capaces de hacer como colectivo. Yo apelo a que en estos días “bebamos buenos vinos», no como un hecho físico,  si no como una metáfora de vida.

Lejos de caer en la tristeza, de caer en el pesimismo, es el momento de que todos y cada uno de nosotros tiremos del carro, de coger el teléfono,  si queréis incluso el WhatsApp o similares (ya me joroba decirlo) para hablar de “vino» (se me entiende: de sentimientos, de emociones) y para pensar y desear en reencontrarnos, cuando verdaderamente se pueda, alrededor de esa copa de vino.

¿Por qué digo esto?  Tengo la impresión de ver muchos amigos sobrecogidos por la situación.  Les hablas, te responden o no, pero no les ves dentro de su cuerpo. Necesitamos estar todos más fuertes que nunca, supliendo la falta de fuerza de aquel que, por lo que sea, esté confuso.

Por favor,  “hablemos de vino”, o de lo que sea, con todo aquel que lo necesite. Cuantos más seamos, menos daño nos hará esta situación.

¿Tenéis la sensación de que alguno quiere pasar “su cuarentena», sin “hablar de vino», sin hablar con los demás? Esto es lo único que me preocupa.